Presentación




































"Almorzando en el rascacielos"

"¡Por qué no me habría quedado en mi bosque, donde ni conocía ni
experimentaba otras sensaciones que las del hambre, la sed y el calor!
¡Qué extraña naturaleza la del saber! Se aferra a la mente, de la cual
ha tomado posesión, como el liquen a la roca. A veces deseaba desterrar
de mí todo pensamiento, todo afecto; pero aprendí que sólo había una manera
de imponerse al dolor y ésa era la muerte,
estado que me asustaba aunque aún no lo entendía."

                                                         Frankestein, Mary W. Shelley







Adicta a mis pensamientos


Paréceme a mí que es igual a los dioses el
mortal que se sienta frente a tí, y desde tan
cerca te oye hablar dulcemente y sonreír de
esa manera tan encantadora.
El espectáculo derrite mi corazón dentro del
pecho. Apenas te veo así un instante, me
quedo sin voz. Se me traba la lengua.
Un fuego penetrante fluye en seguida por
debajo de mi piel. No ven nada mis ojos
y empiezan a zumbarme los oídos.
Me cae a raudales el sudor. Tiembla mi
cuerpo entero. Me vuelvo más verde que la hierba.
Quedo desfallecida
y es todo mi aspecto el de una muerta...


Cuando quiere
s realmente una cosa, todo el Universo conspira para ayudarte a conseguirla.



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Wednesday 14 december 2011 3 14 /12 /Dic /2011 00:11



Azul. Celeste. Amarillo. Blanco. Gris. Los colores difundían de una manera extraña ante mí mientras mi cerebro se despertaba despacio, curioso y desorientado, sin tener la más mínima idea de dónde se encontraba; de si encontraba en algún sitio. Poco a poco mis neuronas comenzaron a conectar de manera coordinada, hasta que, tras unos minutos de total desconcierto fueron capaces de crear una imagen con algo de sentido ante mis ojos: cielo.


Parpadeé un par de veces mientras mi cristalino se contraía para lograr nitidez en la profundidad. Pude apreciar decenas de aves que cruzaban las nubes dispersas, sin rumbo fijo.


Mis oídos también despertaron: alguien hablaba desde detrás a la par que sus pisadas se aproximaban. Parecía llamar a alguien. Pocos segundos después una sombra inmensa me cubrió.


 - Carla. - Aún no sabía de quien provenía la voz, nisiquiera me resultaba conocida, pero sabía que me hablaba a mí- ¿Estás bien?


"¿Por qué debería estar mal?" pensé. Al oir eso me preocupé: significaba que me habría pasado algo. Me incorporé asustada pero no, no notaba que me doliera nada, lo único que sentía en ese momento era confusión y desorden en mis sentidos. Entonces noté un dolor agudo a la altura de la sien que me hizo doblarme mientras me sujetaba la cabeza con la mano. El dolor se fue rápido y me dejó una fuerte sensación de mareo, quizá por haber intentado levantarme de una manera tan repentina.


La persona que me hablaba se había acercado más, puso su mano sobre mi hombro y, con tono tranquilo:


- Es normal que te sientas desorientada. Dudo que recuerdes siquiera dónde te encontrabas hace unos minutos. Pero no te preocupes, irás recuperando la consciencia. - La recordé; era Yure, por supuesto. - Es lo que tiene atravesar fronteras para entrar a otros mundos...


Sonrió, y entonces me di cuenta. Lo primero que había visto al despertar era el cielo, nubes, pájaros y un pequeño sol. Tras girar un poco la vista descubrí que no había nada más que eso: cielo, nubes, sol y... ¿pájaros?


El suelo era extrañamente blando, y al levantar el brazo noté la palma de mi mano húmeda. Después de un rato me di cuenta de que toda mi espalda hasta los tobillos estaba húmeda: nos encontrábamos sobre nubes.


Una pequeña sombra se dibujó a unos metros por delante de mí y empezó a crecer a gran velocidad. Me quedé mirando con los ojos muy abiertos y estáticos sin poder evitarlo, por lo que me sentí estúpida como un gato. Era uno de esos a lo que yo había llamado pájaro, que descendía desde lo alto. Se posó sobre las nubes con mucha delicadeza, rozándolas con los pies descalzos, como si las acariciara suavemente. Su piel era muy negra, al igual que sus alas, y su mirada, enmarcada por unas cejas finas y largas, reflejaba fuerza y elegancia.


- Vaya, así que te has traído a toda la tropa. - Le dijo a Yurena mirando tras de mí. Me giré: estábamos todos.


- Neyela, ¡Cuánto tiempo! - Zeus se acercó a nosotros hundiendo sus pesadas botas negras en el algodón de vapor. - ¿Dónde está Fayna?


- Durmiendo, supongo. Búscala. - Dirigiéndose luego a Yurena: - ¿Vamos?


-Claro. - Yure encendía un cigarro encogiendo los hombros mientras se dirigía hacia Neyela, su ángel, que acababa de volver a desplegar las alas. - ¿Te piensas quedar todo el día ahí sentada descubriendo qué pasa a tu alrededor? - Me dijo mientras guardaba el mechero. Me extendió la mano. - Levanta.


Quise preguntarle a dónde me llevarían, pero ya estaba acostumbrada a dejarme guiar por ella sin explicaciones. Le agarré la mano, y pocos segundos después aparecieron bajo nosotros varias sombras, como la de Neyela. Todos nuestros ángeles bajaron a la vez. Cada uno se acercaba a su protegido. Fayna y Zeus, Lesrel y Ema... Busqué a Natanael.


- Él nos espera ya allí, pequeña. - Dijo la ángel negra. Luego abrió los brazos, extendió más sus alas, cerró los ojos y bajo sus pies comenzó a aparecer un pequeño barco de madera, que quedó flotando sobre el suelo de nubes.


Subimos.

 

 

 

 

Un poco más lejos que lo real, un poco más cerca que el infinito.

Por Xaura - Publicado en: Narraciones cortas
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Wednesday 14 december 2011 3 14 /12 /Dic /2011 00:09

Bueno, adiós. Ha sido muy gentil conmigo. Ahora voy a tomar un buen baño caliente.


—Ah... me olvidaba decirte que...


—Dilo.


—... Que tengo unas ganas de hacerte el amor que no te puedes ni imaginar. Pero esto no se lo diré a nadie. Sobre todo a tí. Deberían torturarme para obligarme a decirlo.


—¿A decir qué?


—Que quiero hacer el amor contigo. No una vez solo, sino cientos de veces. Pero a tí no te lo diré nunca. Solo si me volviera loco te diría que haría el amor contigo, aquí, delante de tu casa, toda la vida.

 

 

 

La vida es bella...

Por Xaura
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Wednesday 14 december 2011 3 14 /12 /Dic /2011 00:06

 

 

Su pelo bailaba suavemente con la brisa, mezclándose con el ritmo lento de sus suspiros.

A ratos hablaba, a ratos callaba, a ratos cerraba los ojos con fuerza. A ratos susurraba.


A ratos reía.

 

La luz del día aclaraba sus iris castaños, mientras la miosis de sus pupilas

contraía su corazón en latidos lentos y pausados. Miró el reloj. Cada minuto,

quizá cada segundo que pasaba dolía. No sólo a él.


- ¿Te acuerdas cuál era mi sueño? - No entendí bien la pregunta. Traté de buscar rápidamente en los recuerdos de nuestros diesiciete años juntos. Como vio que no respondía: - Yo quería ser un águila.


Me acordaba. De pequeños, cuando jugábamos a ser animales él siempre elegía ser águila.

Yo era un tigre. El águila siempre huía y atacaba desde arriba.

Él siempre me ganaba.


- Quizá en mi otra vida lo sea. - Las lágrimas salieron de mis ojos sin avisar. Traté de disimularlas.


- Deberíamos irnos. El médico dijo que sólo una hora. Volvamos.

Por Xaura - Publicado en: Narraciones cortas
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Wednesday 7 december 2011 3 07 /12 /Dic /2011 17:19

- Mira - Quitó la gran capa negra que cubría el teclado, y dejó ver unas teclas tan blancas como la nieve. Las acarició suavemente. - ¿Crees en la magia?

Se sentó en la banqueta y posó sus manos sobre el piano, a unos milímetros por encima de él, sin llegar a tocarlo. Cerró los ojos y se mantuvo erguido, con la mirada hacia el frente y el ceño fruncido suavemente, como si durmiera sentado. Entonces bajó las manos y comenzó a moverlas sobre las teclas blancas y negras, como si sus dedos tuvieran un cerebro propio, una vida paralela totalmente desentendida de la persona que las sostenía. Su cara permanecía inmóvil, y por un momento me pregunté si realmente dormía.

No podría describir el sonido que emitía aquel instrumento. Por un momento el mundo entero desapareció. Todos mis sentidos se concentraron en uno. No veía, no respiraba, no sentía el aire a mi alrededor. Sólo escuchaba. No pude evitar cerrar también los ojos.

Pudieron haber pasado horas. Quizá sólo minutos, pero no volví a abrir los ojos hasta que la música cesó. Al abrirlos no estábamos en la misma habitación, de hecho, no estábamos en una habitación.

Podía ver el cielo, oscuro. Era de noche y la luna colgaba sobre nosotros. Bajo ella un gran lago, sobre el que se reflejaba su luz. Podía ver montañas a lo lejos, estrellas. Bajo nosotros se esparcían cientos de árboles y rocas.

Zeus seguía sentado en el piano, que se encontraba clavado sobre la tierra. Me costó disimular mi asombro:

- ¿Dó... dónde estamos? - Elevó la mirada y la dejó en la Luna, llena y brillante.

- ¿Conocías la obra?

- Sí, era Beethoven. Claro de luna.

- ¿Qué vez frente a tí?

- ¿Es un sueño?

- ¿Eres consciente de lo que pasa? - Asentí. - Es un ensueño.

- ¿Cómo has conseguido que los dos soñemos lo mismo?

- Muy fácil. He sincronizado nuestros niveles de percepción. El sonido me ha ayudado. ¿Te gusta?

- Me encanta.

 

 

Por Xaura - Publicado en: Narraciones cortas
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Wednesday 7 december 2011 3 07 /12 /Dic /2011 17:12

 

Quizá eran las once de la noche... o quizá eran las tres de la mañana. Por un momento

olvidé que existía una cosa llamada tiempo.

La oscuridad nublaba mi mente mientras la luna iluminaba nuestros pasos.

 

Hablaba. Yo fingía que escuchaba. Asentía. Miraba. Sonreía. Sonreía.

 

Tras sus ojos asomaban las estrellas, y tras su aliento (mezcla de fresa y vodka)

flotaba el aire frío. Escondí las manos en mis mangas y

me abracé mientras encogía los hombros.

 

-¿Tienes frío?

 

-Un poco.

 

Pasó su brazo tras mi espalda. Olía a mujer, pero tenía mirada de hombre y risa de niña.

 

- Odio el frío.

 

Nos sentamos en la arena. Sacó algo del bolsillo. La armónica que le regalé hacía años.

 

- Vaya, aún la tienes.

 

Yesterday. Nunca pensé que hubiera aprendido a tocarla tan bien. Dejé que las notas

suaves recorrieran mis oídos para alejarse luego hacia el mar.

 

 

Por Xaura - Publicado en: Narraciones cortas
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